Tolerancia a la mediocridad
Por Oscar Lozano
Existe algo paradójico que es frecuente encontrar
en las empresas: la mayoría de la gente quiere realmente
tener un desempeño sobresaliente en su trabajo, quiere
que el futuro sea mejor que el hoy o el ayer. Sin embargo,
aún con todo ese deseo, las empresas están
llenas de situaciones mediocres que prevalecen en el tiempo,
desde el piso de fabricación hasta el consejo de
administración. Los ejemplos abundan.
Supervisores que quisieran tener áreas de trabajo
limpias y ordenadas, con disciplina en el manejo de materiales,
información, equipos, seguridad, con excelentes resultados
en calidad y productividad. Sin embargo, con la presión
de obtener los resultados del día a día, se
ven "obligados" a mantener operadores indisciplinados,
chambistas, que no quisieran tener. Operadores que contaminan
a otros por su falta de disciplina y que son un lastre para
sus compañeros y para la empresa.
Vendedores que quisieran realmente contribuir a mejorar
los resultados de rentabilidad de la empresa, pero con tal
de contribuir al presupuesto del mes, piden favores a clientes
y distribuidores para que acepten pedidos mayores a lo que
necesitan, sobreinventariando el canal de distribuición.
Obviamente, los favores se deben devolver posteriormente
con descuentos adicionales y demoras en pagos, afectando
así la rentabilidad de la empresa.
Directores generales y financieros que maquillan números(haciendo
meses de 33 días, no cargando inventario obsoleto
a costo de ventas) para estar bien presentados en la fotografía
de fin de mes y salir bien librados a la hora de rendir
cuentas, con todo el conocimiento de causa de lo que están
haciendo.
Directores comerciales que quisieran realmente dar un buen
servicio a los clientes, pero se compromenten a aceptar
pedidos de ventas a pesar de que saben que no existe la
capacidad productiva que permita cumplir a tiempo creando
problemas de entrega y servicio.
Directores generales que su accionar en pos del servicio,
la calidad y productividad es elaborar misiones y valores,
divulgarlos por la empresa (como si la gente no supiera
que estas cosas son importantes), generar objetivos generales
y vagos, pero que difícilmente están dispuestos
a hacer el cambio personal que este esfuerzo demanda.
El común denominador de este tipo de situaciones
es que están diseñadas para perpetuar resultados
mediocres, nada de desempeño extraordinario. ¿Qué
es lo que nos hace caer en este tipo de situaciones? No
queremos la mediocridad y sin embargo caemos en ella.
La respuesta es dolorosamente sencilla. Salir de este tipo
de situaciones demanda tener soluciones radicalmente diferentes
a las que tradicionalmente hemos implementado. Y a su vez,
el diseñar y llevar a la práctica este tipo
de soluciones requiere habilidades que no hemos desarrollado.
Veamos.
Romper estas situaciones llenas de mediocridad demanda
la habilidad de enfrentar una situación sin ser amenazantes
para uno mismo o para la empresa. Por ejemplo: en vez de
que un director se la pase dando discursos y mensajes sobre
la importancia de la calidad, competitividad, costos, innovación
y servicio a clientes, sería mucho más productivo
dedicar tiempo a investigar abiertamente qué impide
a la gente avanzar en esta dirección aún a
sabiendas que son aspectos importantes a lograr. Esto es
mucho más enriquecedor y dispara acciones más
concretas que el andar dando discursos y estableciendo conceptos
generales y vagos.
Salir de la mediocridad demanda también la habilidad
de plantear acciones muy diferentes a las que tradicionalmente
se han tomado en las empresas. El tipo de acciones que cuando
uno las plantea se le quedan viendo con cara de interrogación
y a alguien por ahí se le sale decir... "está
bien que queramos mejorar, pero no es para tanto... tú
no quieres mejorar la empresa, le quieres dar en la $%/($".
Plantear no significa lanzar ideas al aire, implica el proponer
un proyecto factible y estar dispuesto a llevarlo a cabo.
Demanda la habilidad de implementar soluciones fundamentales
a los problemas que nos aquejan, las cuales tienen como
característica que los resultados en el corto plazo
van a tender a empeorar antes que mejorar.
Y en estos períodos cuando los amigos del status
quo se convierten en feroces enemigos y las amistades se
tornan tibias, y uno corre el riesgo de sucumbir ante cualquiera
de los dos. Es en estos períodos difíciles
cuando uno se queda tan sólo con la confianza en
uno mismo.
Al no tener estas habilidades y poder enfrentar eficazmente
estas situaciones, buscamos la salida fácil, las
soluciones aceptadas de libro de texto que no alteran ni
a nosotros ni al sistema. Soluciones que finalmente se convierten
en ilusiones y que perpetúan los resultados actuales.
Fuente: Sintec
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